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Ofrecemos a continuación un resumen de la primera jornada que se dedicó al VER. Hubo tres ponencias.
El primer ponente fue el economista Dr. Roberto Artavia Loría, Ex-Rector del INCAE Business School, Presidente de VIVA Trust y de la Fundación Latinoamérica Posible a quien correspondió desarrollar el tema de la «Realidad de la crisis económica mundial y sus implicancias para América Latina».
El Dr. Artavia comenzó su exposición señalando el acierto en el título del Congreso de hablar no de una "crisis financiera" -como se suele hacer- sino de una "crisis económica" pues «una crisis financiera rasga la superficie de los mercados, una crisis económica es bastante más profunda y ya comienza a atentar contra las variables del desempeño social». Para él resulta muy importante establecer esta diferencia porque lo peor de esta crisis sería «no aprovecharla para ver profundamente, para ser introspectivosrespecto a las estructuras que hoy tenemos en América Latina y que deben cambiar si es que vamos a superar esta crisis económica pero también otras crisis».
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Tras una descripción del panorama económico mundial, latinoamericano y costarricense en la que pudo explicar de manera minuciosa, precisa y bien fundamentada los aspectos principales de la reciente crisis económica, sus efectos presentes y las principales previsiones para el futuro, el Dr. Artavia señaló que si en este Congreso se estuviera «hablando sólo de economía» aquí terminaría su exposición. Sin embargo, se está «hablando de muchos más que eso, se trata de un Congreso que tiene lo social y la solidaridad como focos fundamentales». Desde este punto de vista hay muchos otros problemas preexistentes a la crisis económica y que continuarán cuando esta pase. Mencionó en ese sentido la desigualdad y mala repartición de las riquezas; el insuficiente acceso a la educación; el consumismo; la ruptura social; la crisis de gobernabilidad; la indiferencia del sector productivo frente a las necesidades de los demás.
Frente a todo esto insistió en la urgencia de un contrato en el que «solidaridad y equidad deben ser los motores fundamentales de decisión» y en el que se entienda «libertad en el sentido en el que la definió Juan Pablo II diciendo que libertad no es hacer lo que nos de la gana sino tener la capacidad de actuar responsablemente ante cada situación»; en el que haya sostenibilidad y acceso a la educación; en el que haya productividad y como transfondo una paz perdurable, sólida. Señaló que no era que él quisiera imponer sus valores particulares sino que «eso es lo que la Doctrina Social de la Iglesia dice que debe ser». La medida del éxito tiene que ser el «desarrollo humano y social»y no simplemente las cifras de crecimiento económico. Y es que -insistió- «el desarrollo humano no es una abstracción». Terminó su ponencia citando la frase del Papa Benedicto XVI en su reciente encíclica: «amor, caritas es una fuerza extraordinaria que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz» interpretando que lo que dice ahí es que «cada uno de nosotros como ciudadano, empresario, funcionario público, debe entender que tenemos una labor fundamental que cumplir y que esa labor aparte de cualquiera que sea nuestra misión específica es encontrar cómo esa labor se refleja en el creciente bienestar humano» no entendido como una abstracción económica sino incluyendo las diferentes áreas del desarrollo humano.
La segunda ponencia tuvo como título «Las crisis económicas en la historia del capitalismo» y estuvo a cargo del Cr. Daniel Passaniti, Director Ejecutivo y Presidente Permanente del Centro de Investigaciones de Ética Social (CIES) - Fundación Aletheia. El economista argentino comenzó su exposición haciendo una breve caracterización del capitalismo como sistema económico presentando luego una historia de su evolución en la que fue enumerando sus principales crisis históricas. En cada caso fue haciendo una presentación de las principales propuestas de respuesta de origen ideológico como los diversos tipos de socialismo, el marxismo, la teoría de la dependencia, etc. que siempre se mostraron insuficientes. Esto fue intercalado con el señalamiento de los aportes y las luces fundamentales que en cada momento histórico fueron ofrecidos desde el Magisterio a través especialmente de las encíclicas sociales.
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Finalmente, el Cr. Passaniti intentó delimitar las causas internas, comunes a toda la historia del capitalismo, que en su opinión han estado en el origen de las crisis. Mencionó especialmente tres: desequilibrios entre producción y consumo; especulación financiera y avidez de ganancias. Todas estas han sido repetidamente denunciadas por la Doctrina Social de la Iglesia y se han desbordado en las últimas épocas en las que -según él- se descubre una «hegemonía del capital financiero cuya magnitud no registra precedentes», un «divorcio entre la economía real y las finanzas cada vez mayor», y un «desmesurado predominio de la especulación financiera, que ha generado riquezas no asociadas a la economía real de producción ni al trabajo». La clave para la solución estaría -según su parecer- en purificar el sistema de mercado de las premisas prácticas y filosóficas anticatólicas que los sustentan en sus plasmaciones concretas: individualismo y mecanicismo de mercado, consumismo y hedonismo de vida, eficientismo y darwinismo social, liberalismo o neoliberalismo, pragmatismo. «No se trata entonces de rechazar o condenar el sistema capitalista» sostuvo, opinando que muchas de sus instituciones e instrumentos son de por sí buenos; la clave está más bien en «educar al sujeto económico para que puede hacer correcto uso de los mismos, ajustándolos a la debida jerarquía de las cosas y a la dimensión trascendente del hombre» pues «el juicio ético está en la misma raíz del juicio económico» y es el que determina «el deber ser de la conveniencia y eficiencia económica».
El Dr. Carlos Hoevel, Director del Centro de Estudios en Economía y Cultura de la Universidad Católica Argentina, tuvo a su cargo la tercera ponencia titulada: «Origen, características y perspectivas de la actual crisis económica mundial». Comenzó sus exposición recordando lo que constituyó el origen inmediato de la crisis económica mundial, la especulación de las llamadas hipotecas subprime; pero señalando que la mayoría de los analistas coinciden en que éstas «han sido solamente el disparador de una enfermedad que el sistema financiero global ya venía incubando dentro de sí mismo que lo tornaba extremadamente frágil e inestable».
En su opinión, se requiere una «investigación profunda de las causas estructurales de la crisis que existían en el sistema» y pasó a señalar cuatro que considera fundamentales. Mencionó en primer lugar, la «Desregulación, liberalización y financierización de la economía» que se han convertido en «dogma absoluto» y que han llevada a una «economía financiera sobredimensionada» desconectada de la economía real del trabajo y la producción. En segundo lugar señaló la «ideología del mainstream economics» y la «idolatría de los instrumentos financieros» que trata a la economía como si fuera una ciencia exacta y la reduce a la consideración de modelos matemáticos. Para él, esta visión presente también en la enseñanza «capacita a los estudiantes para pensar en compartimentos pero no los prepara de ningún modo para ver el todo, en especial cuando éste se relaciona con el carácter social y moral de las relaciones humanas».
En tercer hizo referencia al «sistema de incentivos individuales a corto plazo» y la desconexión de la economía con a propiedad real. Afirmó que de esta manera se estimula la eficiencia sin orientación moral y se hace de la especulación la norma de la economía. Finalmente, para Hoevel, la causa estructural más importante está en la «matriz ética y cultural posmoderna» «sobre la cual se montó la economía de las últimas décadas». En ésta se han dado un «reemplazo de la cultura del trabajo por la cultura consumista», narcisista y hedonista, «de necesidades ficticias, del crédito y del endeudamiento y de la renta especulativa»; una «despersonalización de las relaciones potenciada por los medios tecnológicos» que lleva al «vaciamiento moral de las relaciones» económicas; un predominio de una «mentalidad eficientista» desconectada del valor de moralidad; y una excesiva artificialidad que ha llevado a una desconexión de los agentes financieros respecto a la realidad.
Frente a este panorama, y de miras al futuro, Hoevel propone cuatro caminos principales de solución correspondientes a cada una de las causas estructurales. En primer lugar señala la necesidad de una regulación que permita la «reinserción del sistema financiero en la economía real». En segundo lugar considera urgente un cambio profundo en la enseñanza de la economía que «coloque en su justo lugar la exagerada importancia que hoy se da a los modelos matemáticos» y que ponga a los estudiantes en contacto «con la realidad social y cultural y con los problemas de otras disciplinas». En tercer lugar aboga por una revisión de la ética del sistema financiero que ponga de manifiesto que el supuesto «de que el interés propio en un ambiente competitivo siempre es suficiente para propiciar el bien común y la justicia económica es una ilusión». Finalmente, considera que lo más importante es «apuntar al problema cultural» y a «una conversión espiritual que nos abra a la trascendencia».
Esto incluye según él sustituir «la filosofía del homo economicus y del homo consumens que justifica el consumismo, el endeudamiento exagerado y la especulación con fines hedonistas o narcisistas reemplazándola por una filosofía de la persona humana integral que se abre a los demás». También supone «la reintroducción del valor de la verdad en el sistema financiero y en la economía en general». Exige además «superar el falso patrón cultural por el cual suele pensarse que es posible ser eficiente y profesionalmente competente independientemente de fines o valores morales». Este cambio «será imposible -concluyó Hoevel casi al final de su conferencia- si no recuperamos el sentido de la realidad entendida como un orden creado dotado de sentido, misterio y belleza que no puede ser ignorado o manipulado a gusto».
Hasta aquí un resumen de estas importantes reflexiones en un mundo en crisis no sólo económica sino de valores. |